De todos los presidentes de Estados Unidos, ninguno tan destructivo como Donald Trump. ¡Feliz 250 aniversario!

Los EDITORIALISTAS de R1, Opinan: Publicamos el día de hoy un articulo de IKER SEISDEDOS Corresponsal del diario EL PAIS, el articulista, detalla de una manera cruda y contundente lo que ha sido para los estados Unidos, para Mexico y para el Mundo entero, la segunda presidencia del anaranjado presidente Donald Trump, en breve vendrán varias definiciones y nuevos arrebatos del innombrable personaje, ese que cambia de parecer a cada rato, el mismo individuo que miente y miente como muchos otros lideres, que hablan de que las cosas están bien, en el país, que la inflación no crece, el mismo personaje engreído, que se siente dueño del mundo y que no se da cuenta que todos tenemos un tiempo de vida y que el tiempo de su vida en el planeta, se agota. ¿Cual es su legado? Todos, absolutamente todos tenemos claro, cual será el legado de míster Donald Trump.

El articulo del Diario El País inicia así: Para ser un hombre tan prosaico, Donald Trump se presta mucho a las metáforas. El combate de artes marciales mixtas con el que celebró su cumpleaños e inició la conmemoración del 250 ANIVERSARIO DE ESTADOS UNIDOS alentó las comparaciones con un circo romano. El fiasco del estanque del monumento a Lincoln, de color verde alga, refleja el turbio retrato de una presidencia impopular. Y la Casa Blanca convertida en una gran zona de obras parece una alegoría de su desprecio por el decoro institucional.

En una planta de reciclaje de residuos de Croaker, una pedanía de Virginia a unas tres horas de Washington, las cabezas de 42 presidentes de Estados Unidos, arrinconadas desde hace 13 años en un terreno pantanoso a merced del tiempo y la intemperie, de los pájaros y los nidos de avispas en verano, también invitan a pensar, mientras el país cumple un cuarto de milenio partido en dos y con ánimo sombrío, en los estragos que la vuelta de Trump está causando en la institución de la presidencia. El origen de su diseño se debe a los Padres Fundadores, que el 4 de julio de 1776, este sábado se cumplieron 250 años de la Independencia de EEUU.

Un año y medio después de su regreso al poder, Trump ha roto todos los moldes con sus veleidades autoritarias, su afán imperialista, la pulverización de las reglas no escritas del cargo y esa ampliación del poder ejecutivo que persigue sin pudor. También, con el empleo de su posición para enriquecerse él y su familia: en sus primeros 12 meses en la Casa Blanca, su fortuna personal creció en 2.000 millones de dólares, 1.400 de los cuales corresponden a sus negocios con criptomonedas.

“Ha alterado la misma naturaleza de la presidencia y su imagen global”, escriben Maggie Haberman y Jonathan Swan en Regime Change (cambio de régimen, sin traducción al español), el libro de la temporada en Washington. “La arquitectura institucional construida y mantenida durante ocho décadas ha quedado, en todos los sentidos, desmantelada”.

En un país forjado a golpe de precedentes, historiadores, analistas y adversarios políticos se preguntan, como Haberman y Swan, si, cuando pase la anomalía de Trump, el sistema será capaz de absorber su golpe y recuperar su forma previa. Si, por volver a las metáforas, el estado calamitoso de las cabezas presidenciales de Croaker no será un reflejo, a la manera del retrato de Dorian Gray, de la decadencia de una institución y un sistema que no estaban preparados para el advenimiento de una figura como la de Trump.

“La Declaración de Independencia aborda la cuestión de la autoridad monárquica; la Constitución incluye mecanismos para evitar que se concentre demasiado poder en una sola mano”, explica en un e mail el historiador Daniel Immerwahr, autor de un influyente ensayo sobre el imperialismo estadounidense (Cómo ocultar un imperio). “Todo esto cobra gran relevancia en la era de Trump, y resulta revelador que el amplio movimiento cívico en su contra utilice en su nombre −No Kings (no a los reyes)− un lenguaje propio de la Revolución”.

Daniel Gullotta, profesor Salmon P. Chase Center for Civics, Culture, and Society, instituto de tendencia conservadora de la universidad estatal de Ohio, aclara que “Trump no es ni mucho menos el primer presidente que pone a prueba los límites de la Constitución, ni será el último”. “Lo que nos protege es, precisamente, la premisa de los fundadores de que todo mandatario intentaría acaparar más poder del que el cargo permite; por ello, diseñaron una estructura capaz de contener tales intentos”, añade el historiador. “No eran profetas, pero sabían lo suficiente de historia como para augurar que podían surgir figuras de todo tipo. James Madison [redactor de la Constitución] vivió para ver en el poder a Andrew Jackson [presidente que pasó a la posteridad por su populismo racista] y no le gustó”.

Sabían que en el cementerio presidencial de Virginia la cabeza de Jackson esta en un lugar distindo. La de Madison acabó en última fila, entre Thomas Jefferson y Millard Filmore. Las 42 estatuas miden entre cinco y seis metros de altura y pesan 1,5 toneladas cada una. Están arrumbadas en una propiedad privada que abre sus puertas solo ocho veces al año a los turistas atraídos por una visita que es carne de TikTok. Las diseñó un artista llamado David Adickes para un parque escultórico de la vecina Williamsburg, localidad consagrada a una pulcra recreación de los tiempos coloniales.

Ese parque abrió sus puertas en 2004, de ahí que la cosa vaya de George a George, de Washington a Bush hijo, y que el recorrido se detenga justo antes de que esta se ponga interesante, con la sucesión de Barack Obama, Trump, Joe Biden y, de nuevo, Trump. En 2010, la empresa se declaró en bancarrota y sus dueños encargaron a un contratista llamado Howard Dankins, dueño de la planta de reciclaje, que se deshiciera de ellas. “Sencillamente, no pudo hacerlo, por su valor artístico y porque Dankins tiene pasión por la historia de Estados Unidos”, dice el fotógrafo John Plashal que, junto a Fred Schneider, organiza desde hace siete años tours por las instalaciones en las que descansan las cabezas entre escombros y maquinaria pesada.

La visita a Presidents Heads incluye un concurso en el que los participantes ponen a prueba su conocimiento sobre historia presidencial (¿cuál es el inquilino de la Casa Blanca que dio el discurso de toma de posesión más largo y tuvo la presidencia más corta? William Harrison; casi dos horas hablando, solo 31 días en el cargo), así como el divertido relato de Plashal sobre las vicisitudes por las que ha pasado un conjunto escultórico. “Esos tipos que parecen enfermos en un estado avanzado de lepra”, bromea.

5 – 7 minutos

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