¡La vida en rosa: vinos, mujeres y un chingo de dinero! Así fue la vida del Faraón de Veracruz, Javier Duarte. Editorialistas de ReporteUNO: Transcribimos la Columna del Periodista Edgar Hernández ya que consideramos que estas Historias deben de ser contadas, deben de ser conocidas por todos los mexicanos.
Los excesos de los Políticos y los Gobernadores, que se creen virreyes de la Monarquia mexicana, creemos es lo de menos. Lo que realmente importa es que esto es parte de un Modus Operandi, de todos los que llegan al Poder, es una constante que debe de parar.
La constante se llama PRI, articulado por el VOTO duro, por elecciones amañadas y simuladas, donde un Gobernador pone Gobernador, dejando a uno de los suyos para tapar sus fechorías. México con tanta pobreza, con tanta impunidad y corrupción ya no puede ni debe permitir la continuidad de este tipo de sátrapas.
¿Cómo fue la Vida de Javier Duarte, el Faraón de Veracruz? Entérate aquí en la columna Línea Caliente
“¡Si le pones una botellita de las que me gustan llego!”, decía Javier Duarte, un poco en broma un mucho en serio a quien se atrevía a invitarlo a comer o a cenar.
Hablaba en dólares.

Tres mil dólares es lo que cuesta una botellita de vino “Petrus” de mesa de las muchas que acostumbró degustar, ya como jefazo, siempre acompañado de las mejores viandas.
Ese ha sido su tren de gastos personales Javier Duarte con cargo a su gobierno en el último lustro.
Gastos que alcanzaron los 9 millones 870 mil pesos mensuales por comidas, transportes y esos “pequeños lujos” ¡porque creo que los valgo!, así decía el Faraón de Veracruz.
Son los mismos gastos que seguirá usufructuando hasta el último de noviembre de 2016 con autorización del Congreso del Estado.

“Terrina de langostinos al punto ibérico, fue algo exquisito, de lo mejor que he comido en mi vida”, le dijo a los suyos cuando cambió ese precario menú de tacos al pastor de Bucareli o los cocteles de ostiones que invitaba el “negro” Cruz que traía directamente, no de las playas jarochas, sino de una ostionería que tenía en la calzada de la Viga, en el DF, hoy CDMX.
Habían pasado 14 años de aquellas épocas de hambre y carencias. De empedarse con un bacachó, (Ron Bacardi) De esas nada gloriosas épocas difíciles cuando Alejandro Montano les echaba una manita a él, a Erick Lagos, a Silva y a un tal Carvallo con unos centavos para el chivo.

Eran los años cuando se la pasaban por ahí pateando un bote en Lucio y por las tardes esperando a los caca grande –todos eran jefes, grandes señorones- en el patio principal de Palacio de Gobierno, siempre en la ociosidad, siempre pensando que un día “¡cuando el jefe Fidel llegue… ya verán toda esa bola de cabrones como les va a ir!”.
Y sí.
Ya en la plenitud del pinche poder sobrevinieron las venganzas, los congelamiento, el agandalle… y los excesos. Nunca se cansaron de llenarse de todo, cajas de huevo incluidas.

Hasta el hartazgo el champagne “Cristal” y esas fantásticas ocurrencias de la palomilla de aplaudidores de Duarte los fines de semana cuando se “sugería” al patrón ir “al otro lado del charco a una cenita” de esas de a 10 mil dólares “¡Tan solo para ver cómo se siente!”, dirían.
Así, los destinos preferidos en corto eran Houston, Miami, ir a ver a los Yankees de Nueva York y, por supuesto, las cenas de gala a Barcelona ¿dónde más?

Así, un buen día fue como conocieron el “Cellar del Can Roca”, el mejor del mundo, donde tres chefs se encargan de mostrar las bondades del comelitón. Es ahí donde el menú de degustación es sumamente original. Cinco opciones para representar a cinco países: desde México con un burrito de mole poblano hasta Corea con un pan frito relleno de tocino.
Después aceitunas caramelizadas directo de un árbol que llevan a tu mesa, luego lapa con Albarino, maíz crujiente y brioche con trufas, sopa de verduras que parece de células, una lecha de tigre (ceviche de langosta con camote, pepinos, chile y limón), camarones con vinagre, ostras con anémonas, un helado de Cuitlacoche, sardinas y eventualmente un helado con pulpa de Cacao y Litchis secos.
La degustación –of course my horse- va acompañada de un Chateau Petrus 2005, ese Merlot que cuesta 3 mil 176 dólares la botella, cualquier baba de perico.
O ¿qué tal un Romaneé Conti?.. Este Pinot Noir que, para ahorrar un poco, no rebasa los 4,600 dólares (87 mil 400 pesos).
Y fácil.
Solo bastaba tomar el avión de Jorge (Carvallo), un jet transcontinental de 16 plazas para que saliendo a buena hora estuvieran por la noche degustando tan opípara cena.
Pero eso sí, “¡sin olvidar los orígenes, cabrones!”.

“Mi reino por una torta, pero de La Rielera”, diría Duarte a quien los fines de semana le gustaba echar la güeva tirado en la cama king comiendo pizza con sus hijos luego de enviar a su jet más veloz a Córdoba o el helicóptero Bell Trexton, modelo 430, blanco con las insignias del gobierno de Veracruz, matrícula XC-VER, por tan apetitoso bocado que le recuerda su adolescencia cuando muy de madrugada salía a repartir el pan que horneaba doña Ceci, su mamá.
Y cómo olvidar esas interminables tardes de Xbox en “Casa Veracruz”, donde se ponía casco con extensión de micrófono y a tundir enemigos con sus poderosas armas virtuales. Hasta tres horas se llevaba en un juego con su hijo Javiercito y Cesarito su amiguito (de Javiercito), sin que nadie osara interrumpir tan trascendente jornada épica que se sucedía en ese impresionante salón de juegos.
Esos excesos formaron parte de una dinámica de desgobierno que por estos días se le revierte minuto a minuto. Pero vaya, dicen que lo bailado quién te lo quita.
¿Cuánto gasta Javier Duarte con cargo al erario público?
Aparte del privilegio de mandar gasta, con autorización del Poder Legislativo, 120 millones 300 mil pesos. Ello sin tocar su salario que asciende a 74 mil 938 pesos netos y se ignora cuanto se asigna por prestaciones pero no ha de ser algo menor.
En resumen Javier Duarte de ser Gobernador se transformó en Faraón de Veracruz con el voto del PRI y con la complacencia del Grupo en el Poder.
Columnista Edgar Hernández / Linea Caliente

