RÍO DE JANEIRO — Si combatir ladrones fuese un deporte olímpico, las autoridades brasileñas podrían ganar una medalla. Debido al vertiginoso aumento del crimen, el gobierno estatal ha desplegado una fuerza de seguridad de 85.000 efectivos en Río, entre ellos 23.000 soldados que custodian las intersecciones más transitadas y patrullan las calles en vehículos militares en los que apuntan sus armas hacia las aceras.
Una de sus estrategias más impactantes fue disponer un buque de la armada brasileña para que patrulle a lo largo de la famosa playa de Ipanema. Sin embargo, el notorio despliegue de las fuerzas de seguridad no ha vencido al crimen.

El jefe de seguridad de la ceremonia de apertura fue asaltado a punta de cuchillo cuando salía del Estadio Olímpico en la noche del viernes; el sábado una bala perdida impactó la carpa de los medios de comunicación en las competencias ecuestres, y por poco hiere a un funcionario deportivo de Nueva Zelanda, y en la noche del sábado el ministro de Educación de Portugal fue atacado mientras caminaba por la laguna que será la sede de las competencias de remo.

Durante los preparativos de los Juegos Olímpicos de Río 2016, los funcionarios brasileños enfrentaron una serie de retos que asustaron a varios visitantes internacionales: los temores sobre la epidemia de zika, las amenazas de ataques terroristas y los reportes sobre las aguas contaminadas de Río de Janeiro.

Pero el reciente aumento de la delincuencia callejera es lo que más le preocupa a los funcionarios y residentes de la ciudad, pues temen que la ilegalidad pueda afectar el orgullo y la euforia que se han desatado desde la noche de la inauguración de los juegos de verano.
A pesar de los incidentes más recientes, que incluyen la amenaza de bomba detectada el sábado durante la carrera de ciclismo masculino, la mayoría de los visitantes y ciudadanos dicen sentirse seguros. “Este debe ser el lugar más seguro de Brasil en este momento”, dijo Isabela Carvalho, una vendedora de helados de 46 años, mientras los efectivos militares pasaban en motocicletas con las sirenas encendidas.

Pero tal despliegue de seguridad también ha provocado críticas entre activistas de derechos humanos, que temen que la intensa presencia policial pueda provocar abusos, especialmente en las favelas.
La semana pasada, en una operación conjunta entre la policía y los militares en el Complexo do Alemão, murieron dos personas.
Las autoridades han tratado de tranquilizar a los visitantes al señalar que las fuerzas de seguridad desplegadas superan, en más del doble, al número de efectivos que trabajaron durante los Juegos Olímpicos de Londres de 2012. También enfatizan que Río ha organizado con éxito otros grandes eventos deportivos como la Copa del Mundo de 2014.
Los problemas de seguridad de la ciudad se han exacerbado por una grave crisis presupuestaria. Y el gobierno ha tenido dificultades para pagarle el salario a los agentes de policía. La crisis fue evidente en junio, cuando el gobierno del estado declaró un estado de “calamidad financiera”.
En las últimas semanas los agentes de policía denunciaron que sus salarios se habían retrasado o que solo habían recibido parte de su pago, por lo que protestaron en el aeropuerto internacional de Río con pancartas que decían: “Bienvenidos al infierno”.
Fábio Neira, un comisario de policía, dijo que esta situación afecta la moral de los efectivos. “Esto crea una gran dificultad financiera para nosotros, porque igual tenemos que pagar las cuentas, la electricidad y el alquiler cada mes”, dijo en una entrevista.
El gobierno federal aprobó un rescate de 850 millones de dólares para pagar los costos de seguridad durante las olimpiadas, pero Neira dijo que el dinero no cubre las horas extra de mayo y junio.
Aunque los medios brasileños tienden a centrarse en los robos callejeros y la violencia en los barrios más ricos de la ciudad, los expertos dicen que los residentes pobres de Río de Janeiro son los que sufren con el aumento de la delincuencia.
Julita Lemgruber, coordinadora del Centro de Estudios de Seguridad y Ciudadanía de la Universidad Candido Mendes de Río, dijo que el aumento del crimen en las calles está ligado a los fallidos esfuerzos para mejorar la seguridad pública en las favelas de la ciudad.
En 2008, el estado de Río de Janeiro lanzó una ambiciosa iniciativa con la creación de las Unidades de Policía Pacificadora, que fueron responsables de la lucha contra las bandas de narcotraficantes que operaban con impunidad. El programa, que se basa en la vigilancia de la comunidad y el trabajo social, se cita en los documentos olímpicos como un factor importante para el control de los problemas de seguridad estructurales de la ciudad.
Atila Roque, el director ejecutivo de Amnistía Internacional en Brasil, dijo que el programa ha estado plagado de abusos y ha exacerbado las tensiones entre la policía y los residentes, al punto de que algunos ciudadanos han pedido que se acabe.
Según Amnistía Internacional, que utilizó datos del Instituto de Seguridad Pública del estado, el año pasado la policía fue responsable del 20 por ciento de los homicidios de la ciudad. En 2015 sucedieron 645 homicidios policiales, un aumento de los 400 que sucedieron en 2013. El número de personas que murieron a manos de la policía entre abril y junio de este año se duplicó en comparación con el mismo periodo del año anterior, según los datos.

La mayoría de los muertos han sido jóvenes negros. Una de las comunidades más afectadas por la violencia policial es Maré, una favela en expansión que se ubica entre el aeropuerto internacional de Río y los barrios acaudalados de Ipanema y Copacabana.
Durante mucho tiempo las autoridades han luchado para contener la violencia generada por la guerra entre narcotraficantes y las fuerzas de seguridad. En los meses previos a la Copa del Mundo 2014, el ejército ocupó esa comunidad durante un año.
Eliana Sousa Silva, que se crió en Maré y es la fundadora de un grupo local sin fines de lucro, dijo que las operaciones policiales se incrementaron antes de los juegos olímpicos. A fines del mes pasado, los periodistas que viven en el barrio reportaron que se realizaron operativos policiales durante tres días que provocaron un intenso tiroteo.
“Los Juegos Olímpicos de Río, al igual que la Copa Mundial y otros grandes eventos de Río, siempre son un momento de tensión para los residentes de Maré”, dijo Sousa Silva y agregó que las operaciones policiales suelen ser muy duras. “El gobierno tiene que garantizar que acá no pasa nada para poder mostrarle Río al mundo”.
The New York Times

