El presidente, Donald Trump, firmó una orden para desplegar lo antes posible un número no determinado de militares de la Guardia Nacional en la frontera con México, en un intento de marcar músculo ante lo que considera un aumento intolerable de la inmigración ilegal.

La decisión de Trump llega después de días de protestas del presidente sobre una caravana de cientos de inmigrantes centroamericanos que se dirigían a Estados Unidos, aunque la Casa Blanca atribuyó la medida al aumento en la llegada de indocumentados al país desde el mes de febrero.
El presidente avanzó esta idea después de varios días de cruzada en Twitter contra el país vecino, que ya fue su objeto de ataque permanente durante la campaña electoral a la Casa Blanca y al que ha vuelto a poner en el objetivo. “Hasta que podamos tener un muro y seguridad fronteriza, vamos a vigilar nuestra frontera con nuestras Fuerzas Armadas. Ese es un gran paso”, dijo a la prensa durante un almuerzo con los líderes de Estonia, Letonia y Lituania, de visita en Washington.

El saldo migratorio con México lleva años en negativo, es decir, que se van de EE UU más mexicanos de los que entran, pero Trump ha decidido retomar el asunto como su bandera. “Tenemos muy malas leyes para nuestra frontera y vamos a hacer algunas cosas militarmente”, señaló Trump, añadiendo que había hablado ya del asunto con el jefe del Pentágono, JimMattis. No dio ningún detalle sobre este plan de despliegue de militares, ni sobre el número de efectivos o las fechas.
Poco después de sus declaraciones, el canciller mexicano, Luis Videgaray, aseguró que México ha solicitado a Estados Unidos, “por los canales oficiales, que clarifique el anuncio” de Trump sobre el uso del ejército en la frontera. “El Gobierno de México definirá postura en función de dicha clarificación, y siempre en defensa de nuestra soberanía e interés nacional”, agregó Videgaray.
Ya hay una Guardia fronteriza encargada específicamente de esta labor, aunque en el pasado otros presidentes han echado mano de la Guardia Nacional (el Ejército de reserva) para reforzar el control en algunos momentos. El demócrata Barack Obama, por ejemplo, anunció en 2010 elenvío de 1.200 militares en respuesta a la demanda de sus propios legisladores para reforzar la lucha contra el tráfico de drogas. Y su predecesor, el republicano George W. Bush, desplegó a 6.000 efectivos para ayudar a construir verjas y carreteras entre los años 2006 y 2008.

Trump acusó a Obama de haber dejado la frontera prácticamente abierta para todos -cuando las deportaciones se dispararon durante la Administración del demócrata- y aseguró que se iban a endurecer las leyes al nivel de México o Canadá.
La cruzada de Trump contra la inmigración irregular, con el muro como gran símbolo, arrancó bañada por los ataques racistas a los mexicanos. El neoyorquino anunció su candidatura a la Casa Blanca diciendo que los inmigrantes que llegaban sin papeles desde allí eran violadores y criminales. Aunque algunos, concedió luego, eran buena gente.
Para unos y otros, en cualquier caso, el hoy presidente de EE UU pide un fondo de 25.000 millones de dólares que le permita levantar un muro. A México se lo quiere cobrar más adelante, por la vía de los acuerdos comerciales, por ejemplo, pero mientras tanto deberían pagarlo los contribuyentes estadounidenses y el Congreso de EE UU no aprueba la partida. Los demócratas rechazan la medida y a los republicanos les incomoda.
Ante ese bloqueo, el mandatario se ha planteado utilizar los presupuestos de las Fuerzas Armadas alegando un problema de seguridad. Mientras batalla por el muro contra prácticamente todos (salvo muchos de sus fervientes seguidores), la Administración de Trump ha endurecido las medidas contra la inmigración legal e ilegal.
A partir de octubre quiere imponer un sistema de cuotas para los jueces encargado de la materia con el fin de de acelerar las deportaciones. Les requerirá, según la directriz publicada por The Wall Street Journal, que completen 700 casos al año. La Administración también quiere ampliar el tiempo que los migrantes sin papeles detenidos en la frontera pueden estar bajo custodia policial (ahora el límite es de 72 horas para menores de edad y 21 días para mayores).
Trump también mezcla el debate migratorio con la renegociación del tratado comercial con México y Canadá (TCLAN o Nafta, en sus siglas en inglés). “Acabo de escuchar que la caravana [de inmigrantes, organizada por una ONG] que venía desde Honduras se ha disuelto y que México lo hizo”, dijo Trump. “Lo han hecho porque, francamente, les dije que de veras tenían que hacerlo. (Les dije que) vamos a tener una relación en el TLCAN
También el republicano George W. Bush usó la vía militar para controlar la zona limítrofe con con México -6.000 efectivos para ayudar a construir verjas y carreteras entre los años 2006 y 2008-, aunque los retiró al final de su mandato.
Trump adopta esta decisión esgrimiendo, en buena parte, datos distorsionados en materia migratoria y atacando con dureza a México, país al que acusa de pasividad a la hora de frenar el flujo migratorio, propio y de países de Centroamérica, hacia el norte. México, no obstante, ha superado a EE UU en número de deportaciones en los dos últimos años. El año pasado echó a 147.000 inmigrantes, frente a los 96.000 de EE UU. Y la llegada a la frontera de extranjeros -centroamericanos, en su mayoría- bajó en 2017 respecto a 2016, de 563.204 a 415.191 arrestos, según datos oficiales.
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