Soy la puta del “ñor”, y también su esposa. Desayunando en El Libanes de Puebla.

Llegamos al buffet del libanés en la Avenida Hermanos Serdán de Puebla.

Mientras comíamos y yo seguía un poco mal-viajada vimos una escena singular en la mesa que estaba al lado de la nuestra.

-Mira nada más la chavita que trae ese “Ñor”.  (Dijo Araceli)

Lety y yo volteamos a ver a los personajes en cuestión.

Era una pareja un tanto irregular –cierto-

Él aparentaba unos cincuenta y tantos y ella unos veintiséis (casi mi edad, pensé).

Él parecía ser un personaje importante en la sociedad poblana, o por lo menos en ese lugar muchas personas se acercaban a saludarlo con emoción llamándolo por su nombre, no sin antes anteponer un “mi queridísimo” o “mi estimado”.

Ella esperaba sentada en la mesa, muy sonriente. Erguida y tomando un tequila derecho. 

Él le iba presentando a cada uno de los personajes que se acercaban. 

Ella estiraba la mano y con el rostro iluminado saludaba y de inmediato volteaba a ver a su “Ñor” como diciendo: “Soy tuya, amorcito. Aunque estos perros que se acercan te hagan la barba al mismo tiempo que no paran de ver mis pantorrillas”.

Cuando estaban solos, él no paraba de checar su teléfono mientras ella jugueteaba su tacón bajo la mesa acercándolo a la entrepierna del ruco.

-Hay que decirlo- nosotras y tal vez la mayoría de los comensales pensaban para sí: Es su puta.

Pero si lo era o no, ella parecía feliz, enamorada y él ni se diga… 

Ostentaba una sonrisa victoriosa y una chispa en la mirada que no tenían los demás cincuentones que nos circundaban. 

-Era como una pareja de cine-

Él: Atractivo, canoso y con una plática que acompañada de ciertos ademanes lo hacían lucir en extremo sensual.

Ella: Castaña de ojos miel. Curvilínea, de dientes perfectos. 

Se entregaba a la plática. Ella lo observaba como a un semi-Dios, mientras juntos decían “salud” y un silencio se apoderaba del restaurante libanés…

 –Como si todos quisieran entrar en la mente de este par de amantes-

Las mujeres en la vorágine de la plática del señor.

Los hombres en las piernas de la chica.

Llegó pues el momento que yo esperaba en la mesa: La discusión con mis amigas, quienes tienen una manera muy poblana, mojigata y cerrada de ver ese tipo de relaciones (más cerrada que la entrepierna de una virgen).

A mí me encanta.  Me fascina la polémica, la ironía de la vida, las escenas surrealistas y escandalosas en medio de una sociedad tan falsa.

Araceli: Es un “Ñor”. Lo único que ha de hacer esa vieja es bajarle la lana…

Lety: “Fea no es” y él ya está algo caminado, bastante diría yo. Parece su papá.

Araceli: ¡Por favor! Es una perra, se le ve en la cara. Aparte ve como lo embiste por debajo de la mesa. Es puta, ¡claro que si!

Yo: Pobres aldeanas tercer mundistas, dejen de evidenciar su frustración. Se ven lindos.

Araceli: Estás loca. 

El micro-infarto que te dio  alteró aún más tus conceptos de cordura.

Yo: Son unas víboras envidiosas. Quisieran tener un “Ñor” así. 

Que las viera así, que las tocara así. ¡Frígidas prematuras!

Lety: ¿Tú andarías con un “Ñor”?

Yo: Pero por supuesto que si. 

A mis 28, con un divorcio a cuestas y habiendo visto tanto mundo lleno de fulanitos con complejo de Edipo, pero claro.

 Aparte velo, se ve feliz, viril, ardiente.

Araceli: Adiós para siempre, Alejandra. Te perdimos.

Yo: Hace mucho, querida

Lety: Aparte seguro ya ni se le para.

Yo: Qué televisiva eres, inocente Lety.

Déjame recordarte el episodio en Playa.

 Ése que me contaste que al fulanito al que te ibas a “cenar”, no más nada de nada. 

¿Por qué?

-Por coco y pedote –

Y cuantos años tenía, ¿perdón?

Lety: 33

Yo: Ahí está la respuesta.

-Seguimos viendo la escena mientras comíamos-

 Yo me ausente un momento (no físicamente) pero mi mente creaba fantasías con la pareja. No un “menage a trois” (un trío, para los que no entiendan francés). 

Más bien trataba de imaginar la convivencia entre una chica de mi edad con un cincuentón. 

¡Oh my sweet Lord!

¡Las maravillas que le ha de enseñar! 

-Si no es un “don pendejo” -claro- 

Porque la edad no te vacuna contra la estupidez.

Y la frescura que le ha de dar ella…  quien lo mira como su presa constante. 

“El poder que tanto les gusta sentir a los hombres” pero seguramente lo lleva cada noche a sus brazos con la frialdad excitante del verdugo. 

Él, feliz al matadero.

Vi que la chica se levantó al baño y me disculpé con mis amigas para hacer lo mismo.

La seguí.

¡Quería preguntarle tantas cosas!

Y yo, con mi atípica desinhibición poblana le pregunte:

-“¿Es tu novio el Señor?”

-No-  (me contestó) con un acento jarocho.

– Ay, perdóname. Has de decir que qué metiche. Pero déjame decirte que me encanta como se ven juntos.

-“Jaja! Raro oírlo en  una poblana” (dijo levantando la ceja)

-Sí-  que imprudente, perdóname  (dije queriendo meter la cabeza al excusado)

-“No pasa nada, todos creen que soy su puta” (seguramente)

(Me encantó la desfachatez con la que hablaba la chica)

-Pues sí (me arriesgué a decirlo)

-Te digo algo (dijo) 

Se sentó en la cubierta del lavamanos y con su voz jarocha de una cadencia brutal me dijo esto que me dejó helada… 

“Soy  su puta.

Yo lo escucho, lo arrullo en alabos 

– alabo y  mamo-

Salimos juntos, comemos, nos embestimos bajo la mesa 

y me siento su puta.

La gente nos ve, y puede que alguien  murmure: Es su puta

Y no me ofendo, porque lo soy, porque lo quiero ser.

La que en la cama recibe el beso luego de la bofetada

Y me recreo en su aliento, mientras afirma mi condición:

 Eres mi puta, ¿cierto?

Y en ése momento exploto,¿ sabes?

Al saberme suya

Ahí, debajo de Él

Y él, dentro de mí

Susurrando un “te amo”

Esos “te amo” que  no se le dice a cualquier puta

Se le dice a “su mujer” 

Y cierto. También lo soy, soy su esposa.

Pero volveré ser su puta: de mañana, tarde y noche.

La constante. 

La de siempre.

Después de decir eso, rió mustiamente. Me dio una palmada en el hombro como diciendo: “¿Satisfecha, pendejita?”

Yo salí muda del baño. La chica se volvió mi heroína en ese momento por el  regañón “calla poblanas” que me dio. 

¡Magistral!

Luego sufrí otro micro-infarto y en este momento pronostico tener un intenso estrés toda la semana a causa de la impresión que me dejo esa “niña mala”, que resultó ser la esposa del “Ñor”.

04 de abril de 2011      por Alejandra Gómez Macchia   // Reproducción octubre de 2026

5 – 7 minutos

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